Cuando vivía en Pueblo Libre tenía un vecino casi al frente de casa, Miguel, a quien no recuerdo mucho, pero cuya madre siempre me saludaba con cariño, pese a que mi Epílogo le ladraba horrible a su alunado pekinés (me parece que Miguel siempre iba de copiloto en el escarabajo azul).
Miguel es doctor y vive en Estados Unidos. No sé cómo vio el programa de El Chema y le pidió a su madre que comprase un accidente llamado familia y que me buscase para una dedicatoria. Gloria ubicó a mi mamá, me llamó al trabajo, acordamos vernos y me trajo chocolates en una bolsita.
Esta es un extracto de la respuesta de Miguel:
…”Bueno, entre los libros nuevos tengo una “seccion especial” que guardo en el librero con vidrio, al costado del televisor (los otros estan a la intemperie). Son los libros autografiados. Tengo tres. Ahora cuatro. En orden cronologico son: Uno es de Salman Rushdie. Fury se llama. Mucho menor que los versos satanicos, pero no pude perder la oportunidad de hacerlo firmar en la biblioteca de Chicago, cuando Rushdie se presento con minima alerta a anunciar y firmar su libro. El segundo es Glamorama de Bret Easton Ellis. Yo admiraba a Ellis por American Psycho (que mi amigo comegato me regalo en Lima, pero tuvo que andar preguntando por “american sic-cho”). El libro que Ellis me firmo tambien en Chicago es Glamorama, pero nunca acabe de leerlo porque me aburrio. El tercero es Vaccinated. Este es en realidad una biografia de un cientifico, Hilleman, que se supone descubrio muchas de las vacunas que se usan actualmente, pero que nadie reconoce por que trabajo para una industria farmaceutica comercial. Este libro me lo regalo Paul Offit que es el autor y un pediatra que vino de visita a Omaha (donde vivo). El cuarto es el tuyo”…
Me atrevo a publicar esto en agradecimiento a Miguel por darme la mejor y más bonita historia en relación con el libro. Algo tan profundo y a la vez tan ligero como un viaje de las palabras.
Todavía es posible olvidarme de todo: de la ciudad, de las luces, de los gritos, de los pendientes, de los tiempos, de los animales muertos. Corro a la ola como un pez que puede volver a casa. La sombra me cubre la espalda, la veo avanzar y ganarme. Manos de agua me tiran de los pies. Podría quedarme aquí abajo mucho tiempo, habitar un lugar entre la espuma, una pequeña casa silenciosa.
Cada vez salen menos burbujas de mi boca.
“Mirar la vida de frente y conocerla por lo que es, por fin conocerla, amarla por lo que es, y luego guardarla”.
Virginia Woolf
Hay un solo libro que he leído de principio a fin en voz alta, caminando y golpéandome los dedos contra las patas de las sillas: La Señora Dalloway. Este libro se iba a llamar Las Olas, de ahí el nombre del libro de Michael Cunningham, que dio lugar a la película.
He leído los otros libros de Woolf, los ensayos, la biografía escrita por su sobrino Quentin Bell y quiero saber la verdad. Con los violiones de Phillip Glass de fondo me pregunto por ejemplo:
-¿Fue violada o no por su padre o hermanastros? ¿Se suicidió por no soportar este dolor?
Según Alice Miller, en el ensayo El cuerpo nunca miente (Tusquets, 2005) Woolf fue violada por sus hermanastros con el consentimiento de sus padres, pero ella creía que lo había imaginado, y que esta violación la condujo de una manera lenta e irremediable al suicidio.
Según la biografía fue por el conocimiento de su locura y la guerra.
-¿Estuvo o no con Vita S. West? Le dedica Orlando, se admiran, pasan muchas horas juntas intercambiando textos, viajan. Según la biografía se “tocan las manos”, todo fue platónico.
-¿Cómo podía ser tan consciente de su locura?
-¿Llegó a admirar o reconoció en algún momento a Joyce o a su Ulises?
Sigue la lista. Esperaré las respuestas en mi habitación propia.
Flannery es la maestra del cuento. En sus textos se revelan todos los componentes de la contradicción humana. Como dice Ampuero, en un buen texto se rompen siempre los 10 mandamientos. Y eso hace Flannery, católica entre protestantes, sobre el dolor, el placer, la lucha entre el bien y el mal, la redención, la gracia, la culpa, el racismo. Por eso cuando la leemos nos quedamos con un signo de interrogación, pero sobre todo con uno de admiración.
Las 2 mujeres del escritor norteamericano Raymond Carver revelan cómo fue convivir con un hombre al que lo que más le intereso desde siempre fue dedicarse a la palabra. Maryann Burk, su primera mujer, desde la perspectiva de una relación brutal en Así fueron las cosas (Circe) y Tess Gallagher, su viuda, desde la redención y el perdón en Carver y yo (Bartleby Editores).
Como se sabe, Carver se inspiró en sus relaciones con ambas mujeres y los conflictos cotidianos para consagrarse con: ¿Puedes hacer el favor de callarte, por favor? y ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
Bicicletas, músculos, cigarrillos, es uno de mis cuentos favoritos.