Mi hermana tiene siete años, yo cinco. Estamos sentadas en el mismo escalón. Es de noche.
Me dice:
La mamá es una bruja.
Yo, sorprendida, porque es la primera vez que me habla así de ella, y a mi hermana nunca le ha pegado, y recién siento que es mi hermana de verdad, reconozco:
Sí.
Mi madre salta de su escondite en la sala. Y grita: ¡Soy una bruja y puedo escuchar todo lo que ustedes dicen! Se ríe, pasa a nuestro lado y se encierra en su habitación.
Nos mantuvimos despiertas por si lograba escuchar los pensamientos que seguían hablándose de ella.



