Los globos me fascinaban, me llevarían volando a otra parte, sobre voces, campos y casas cada vez más espaciados entre sí.
Los globos desaparecen de la vista; una ilusión dejarlos partir al cielo; se van al mar, donde la sal los desinfla y sus vivos colores seducen a los peces. Se los comen y se envenenan.
Las malaguas transparentes flotan vacías y agrupadas en la espuma. Los bañistas las atraviesan con sus cuerpos y las observan con el alivio y la desconfianza con que se mira todo aquello que ya no puede hacer daño. Algunos deciden no ingresar al agua; la duda.
Si yo fuera un pez globo, un caminante en la arena se apiadaría de mis bocanadas; me lanzaría de vuelta al agua, con la que me estrellaría. Ojos y boca muy abiertos.




Bonito relato. Que pases un sensacional Día del Pisco mañana.
Saludos