"La vida es una telenovela brasilera. Mi madre insiste en que sea mexicana".
En mi primer recuerdo estoy llorando porque me incomoda el pañal. Alguien me carga a la sala; mis papás duermen juntos en el sofá. Sigo llorando porque no quiero que los despierten.
Corazón fue el primer libro que me estremeció. Tenía nueve años. Mamá escondía ciertos libros adultos bajo llave. Yo siempre encontraba esa llave. A los trece años leí Matar un ruiseñor. A esa edad deseé escribir. Leo mucho mientras escribo. Más leo, menos sé.
La amistad es un amor donde las segundas oportunidades existen. Me he rodeado de una familia de amigos que me ha salvado la vida infinitas veces.
Todos los años pedía que me regalaran una bicicleta. No me la daban porque creyeron que me aburriría. Tuve una propia recién a los diecisiete años y hasta hoy monto casi a diario. Los deseos profundos tienen la persistencia de la novedad. Me gusta fotografiar desde mi bicicleta en movimiento. Nunca sé cuál será el resultado. No me gustan los gimnasios. La observación de lo cotidiano es más fácil al aire libre.
Nadar, seguir el ritmo del agua. Mi abuela paterna murió ahogada en el mar; no la conocí. Papá me retaba a nadar con él en la zona más honda. Algunas veces debieron rescatarnos. Ahora yo lidero su venganza.
El pasado no te determina, pero sí a tus personajes. Por supuesto que escribir es hacer terapia. Es objetivar. No puedes mentir ni mentirte. Pero escribir es sobre todo: Descubrir.
El paladar, cuya sabiduría proviene de la práctica diaria, aprende a distinguir cuando una comida es una promulgación.
La vida es una telenovela brasilera. Mi madre insiste en que sea mexicana. Cuando se escribe uno es todo lo que ha leído, todo lo que ha amado, todo lo que ha abandonado. Escribía cuentos sobre la muerte del padre cuando papá murió.
Dos veces he estado en clases de manejo. Solo sé montar bicicleta. Todo bien con eso, excepto porque no puedo llevar a nadie.
Ser breve al escribir es enfatizar. Creo que, en el caso de las palabras, funcionalidad y estética van de la mano. Son el artefacto más preciso. Llevo un registro de frases, conversaciones, imágenes. Lo rescato cuando comienzo un cuento. Y confío en mi memoria. Escribir es mi espacio feliz, donde me hago fuerte.
Creo en el buen humor.Hay que ser muy imbécil para resistirse a una sonrisa.
No tengo miedo a morir, sino a que mueran las personas que amo. No importa qué edad tengas, nunca estás listo para la orfandad.
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Respuestas a una "no entrevista" que me realizó Dedo Medio para su edición de mayo a raíz de la publicación de ALGO SE NOS HA ESCAPADO.