febrero 20th, 2012

Día siete

Como todo domingo feliz,

he tomado mi bicicleta

de su refugio en la cocina

y he partido al malecón.

Las avenidas están cerradas

para el deporte,

y cómo es la costumbre

de espantosa,

que me detengo ante

cada semáforo anulado,

para el auto que nunca llega.

Subo y bajo las cuestas,

construidas

a propósito

de cemento,

como si tuviera quince,

en vez de treinta y cinco;

alguien me grita: cuidado,

porque voy rápido

y la velocidad es joven y peligrosa,

nos han dicho.

En el simple placer de observar,

una muchacha lee y toma sol,

semidesnuda,

en la berma frente a los departamentos,

en el disparejo jardín que la alberga.

Los vigilantes,

por espiarla,

el fenómeno de la belleza.

Un padre enseña a su hijo

a confiar en las ruedas

y el niño,

ya se puede presentir en sus ojos,

dejará de depender del padre

muy pronto.

Yo, con música,

tarareando coros inventados,

porque siempre cambio palabras,

como si pertenecieran a cuentos

escritos por mí,

como si pertenecieran.

El mar revienta,

desde arriba,

todos los veraneantes

parecen no saber nadar,

sus cabezas flotan,

inquietas, cuestionadoras,

como restos de ahogados,

como naufragados de sí mismos.

Los árboles, inclinados;

gaviotas en los postes de luz,

las cuevas vacías de los

acantilados,

las enredaderas

donde se pierden las pelotas;

la neblina, una nube

alrededor de la isla;

los letreros:

ciclista, respete al peatón,

peatón, respete al ciclista;

las puertas abiertas

de los autos

al costado de los parques,

los heladeros,

los hoteles,

los perros que juegan

en la fuente

del centro comercial,

las bancas donde sus dueños

ríen, sienten la gracia;

es domingo,

como si la muerte

nunca, en domingo;

las piedras que aflojan y despeñan los temblores;

los locos abrigados de gris de loco

que hablan solos

que hablan

y saben

de lo que están hablando.

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3 comments!!!

  1. iléctica dice:

    Y en tu mano la sangre
    que el viento ya ha secado.
    Y él, en tu dormitorio,
    apretándose la herida,
    repitiendo:
    “Como si la muerte nunca,
    en domingo”

    Recuerdas a Billie
    y a las notas de su piano,
    notas que te acompañan
    y que nacen de tus labios:
    “Little white flowers
    will never awaken you,
    not where the black coach of sorrow
    Has taken you…
    Gloomy Sunday”

    [Cadáver exquisito]

  2. Nakarid dice:

    es cierto, que bella descripción

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