Hélène Cixous: La llegada a la escritura
Valeria, en nuestro último encuentro, hace apenas un mes, dijo: Tengo el libro para ti. A mí me encantó. Quiero saber qué opinas tras leerlo. Estaba envuelto en papel de regalo. Lo abrí despacio como a una envoltura del chocolate favorito. Porque Valeria me conoce y comparte conmigo aquello que ama, como las canciones de Mimi Maura o las películas de Cassavettes o las caminatas por El Tigre o el concierto que cantamos olvidándonos de la muerte. Valeria es la hermana que, además de mi hermana, yo hubiera elegido. Su generosidad es el abrazo o las palabras que llegan a tiempo, nunca a salvarme; siempre, a multiplicar las pérdidas y a atravesar el dolor doliéndose. Valeria sabe cuándo hablar y cuándo quedarse en el silencio. Y me regaló un libro que es sabiduría y amor por la escritura. Una lectura refrescante, tanto, como el decidido vuelo de una gaviota por sobre la ciudad.
Hélène Cixous, escribe:
"Recuerdo que a los doce o trece años leí la frase siguiente: "La carne es triste, ay, y he leído todos los libros". Me sacudió un asombro mezclado con desprecio y asco. Como si hubiese hablado una tumba. ¡Qué mentira! y más allá qué verdad: porque la carne es libro. ¿Una carne "leída", terminada? ¿Un libro-carroña? Fetidez y falsedad. La carne es la escritura, y la escritura no está leída jamás: está siempre aún por leer, por estudiar, por buscar, por inventar.
Leer: escribir las diez mil páginas de cada página, traerlas a la luz, creced y multiplicaos y la página se multiplicará. Pero para eso, leer: hacerle el amor al texto. Es el mismo ejercicio espiritual".