Con una entrevista para el Festival de Poesía Chepén

A propósito de la próxima celebración de la III edición del “Festival de Poesía Chepén” en Chepén, conversamos con una de sus invitadas, la narradora Katya Adaui (Lima, 1977), autora de los volúmenes de cuento “Un accidente llamado familia” (Matalamanga, 2007) y “Algo se nos ha escapado” (Borrador Editores, 2011), y quien lejos de estar disociada con la poesía, apuesta por integrarla como una especial mirada en su narrativa. 

Por: Denisse Vega Farfán

1.- En uno de tus cuentos uno de tus personajes afirma inconforme: “Pero yo quería saber la verdad”; y no descansa hasta que, finalmente, la encuentra. ¿Es la ficción una forma de aproximarse o alcanzar la verdad última de las cosas, de la vida de las personas?

Escribo para descubrir. Para descubrir verdades. La verdad última de las cosas jamás se encuentra. Pero cuando uno crea, dice la verdad.

De otro lado, creo que los personajes deben ser construidos y demostrar su evolución de una manera honesta. Actuar y reaccionar desde su punto de vista, desde su mundo interior y sus elecciones, hasta las últimas consecuencias. Siempre busco escribir textos honrados.

 2.- ¿Acaso una verdad inconforme o incómoda? Las vidas de tus personajes, por lo general, están colmadas de esas verdades…

La verdad más cierta de nuestra existencia es que nacemos condenados a muerte. Sabemos que moriremos, pero lo olvidamos hasta que la muerte nos alcanza. Y queremos morir habiendo cumplido todos nuestros deseos. Vivimos con esa esperanza. Pero Henry David Thoreau lo dijo: “La mayoría de las personas viven vidas de callada desesperación”. Para que mis personajes estén vivos, tienen que atravesar verdades o detenerse en ellas.

 3.- Y son precisamente esas verdades las que los humanizan…

Porque el lector puede decir: “la vida es así”, llena de matices: de alegría y dolor, de bien y mal, de aciertos y desatinos, de deseos conscientes e inconscientes; de decisiones que producen cambios; de crisis y oportunidades; de cargas emocionales y emociones resueltas, de aprobaciones y rechazos; de certezas y absurdos. De conflictos  pues. Al lector hay que llevarlo a compartir la humanidad de los personajes.

 4.- ¿Por qué crees que le tememos tanto a nuestra intimidad, a la introspección y buscamos acorazarnos siempre, muchas veces en moldes ajenos? Tus cuentos, justamente, parecen estar siempre en busca de romper o ver detrás de esas corazas, a través de dos recursos casi extintos en la práctica: la contemplación y la reflexión.

Porque es difícil estar en la realidad. Por lo tanto es difícil estar con uno mismo, convivir con nuestra mente y nuestro corazón y actuar en consecuencia. Hay que observar tanto como vivir; permanecer inquietos y curiosos; perceptivos. Preguntarse, ¿qué tengo que aprender de todo esto?

 5.- Lo disfuncional, el desconcierto, la ausencia, la soledad y el deseo, juegan un papel trascendental en tu escritura.

Todos sospechamos que el desastre está por llegar… Un argumento es una metáfora de la vida.

 6.- Me parece que un atributo interesante de tu narrativa, es que tus personajes no son, por decirlo de algún modo, “novelescos”, se trata por lo general de gente cotidiana en la que tu pluma hurga como un escalpelo en el más allá de sus vidas para revelar lo extraordinario, lo singular que verdaderamente las identifica y hace que ya no sean uno más en la estadística… Pienso, por ejemplo, en tu cuento “Señor Muerte”

Todos somos singulares. Cómo no destacar la singularidad. Vivimos en lucha permanente entre las expectativas y los resultados, como en una película de suspenso. En “Señor Muerte”, una periodista entrevista a una fotógrafa que capturó, justamente, una imagen singular: la de un niño que chocó al manejar el auto que robó de su padre. Se especuló durante años si el niño murió o no. La periodista reflexiona sobre la fotografía como el retrato de lo que está muerto: el instante.

 7.- ¿Cómo se desarrolla tu proceso narrativo?

Leo y escribo. Leo y escribo. No hay método, solo disciplina. Perseverancia.

 8.- Por qué optaste narrativamente por una senda, digamos, “realista”, en vez de optar por otros géneros, como por ejemplo la ciencia ficción, etc.

Porque siento la necesidad de escribir sobre aquello que conozco o que me causa curiosidad. Sobre lo que soy testigo o para dar testimonio. Cuando escribo soy fiel a mí misma; nunca soy más auténtica.

 9.- ¿Qué balances puedes hacer entre tu primer libro “Un accidente llamado familia” y “Algo se nos ha escapado”?

Es muy simple: el primero no me gusta más; el segundo: sí. Algo se nos ha escapado me sigue emocionando. Lo escribí para mí.

 10.- Has publicado dos volúmenes de narrativa, ambos de cuento, ahora me comentas que vienes escribiendo una novela… ¿A qué obedece este giro de tuerca?, ¿qué respiro estás encontrando en la novela que no has encontrado, a lo mejor, en el cuento?, ¿o se trata, simplemente, de agotar muchas situaciones que te demandan mayor extensión?

Llegué a la novela de una manera extraña. El año pasado me enfermé un par de meses, lo que me permitió dedicarme a pensarla. Tuve el tiempo suficiente para establecer un compromiso conmigo misma: “Haz un cuento nuevo, solo que este sea más largo. Y no te asustes”. La escribo después del trabajo, por las noches y las madrugadas. No me he puesto plazos. Disfruto del proceso.

 11.- Sabemos que ya no podemos hablar de estructuras establecidas en un cuento, ahora más que nunca las formas literarias viven su libertad, pero ¿qué es lo que en esencia debe tener un cuento para Katya Adaui?

Estructura. Argumento. Conflicto. Responder la gran pregunta: ¿Por qué vale la pena que esto exista?

 12.- ¿Por qué confiar en el poder de la palabra?

¿Por qué no confiar? Cito a Kenneth Burke: Las historias nos aprovisionan para la vida.

13.- ¿Está siendo la literatura acaso uno de los pocos bastiones de introspección y autorreflexión, que se mantiene incólume ante la barbarie de la distención humana que lo ha convertido casi en un autómata?, ¿la responsabilidad de otorgarnos el retrato más auténtico de nosotros estará cayendo ahora más que nunca en la palabra?

El escritor no tiene obligación moral alguna. Solo la responsabilidad de crear una historia honesta (cuyo final no pudiera ser otro en la imaginación del lector) y narrarla mostrando, no contando.

 14.- Katya, estás invitada a la tercera edición del “Festival de Poesía en Chepén”, un acontecimiento singular sin duda, tratándose de una narradora. Sin embargo, célebres son las obras en las que varios narradores han dejado que la poesía tome forma, para citar algunos afinados ejemplos: Truman Capote, Carson McCullers, Malcolm Lowry, o tu admirada Virginia Woolf… ¿Cuánto aporta la poesía, o la visión poética, en tu escritura?

Soy pésima poeta pero amo leer excelente poesía. La literatura siempre aprende de la poesía. La poesía es vívida; bella y funcional al mismo tiempo.

 15.- Por último, ¿qué impresiones o expectativas tienes respecto del Festival?

Estoy muy agradecida por la invitación y con muchas expectativas de participar y compartir con otros escritores de los que sé podré aprender mucho. Conozco Trujillo, pero nunca fui a Chepén, así que estoy muy emocionada.