reconoce sus orígenes

EL LUGAR DEL CUERPO de Rodrigo Hasbún ESTÁ en las siguientes librerías de Lima: LIBRERÍA ROCINANTE (Jirón Quilca) -foto del post- SUR (683, Avenida Felipe Pardo y Aliaga, San Isidro) EL VIRREY (Bolognesi 510, Miraflores) LA CASA VERDE (Av. Miguel Dasso 111, San Isidro) LA FAMILIA (Av. Oscar R. Benavides (Ex Diagonal) 372, 374, Miraflores)

Una entrevista a Rodrigo Hasbún a propósito de su nuevo libro de cuentos "Cuatro" y su reciente visita a Lima

Publicado: 2014-06-16


Esta reciente entrevista de Mijail Miranda Zapata a Rodrigo Hasbún la he tomado de Opinión.com.bo

En 2006 publicó su primer libro de cuentos. Desde entonces la obra de Rodrigo Hasbún (Cochabamba, 1981) ha sido destacada en diversas plataformas como una de las voces jóvenes más importantes de la literatura hispanoamericana. Además de formar parte de la selección “Bogotá 39”, en 2010 la revista británica Granta lo seleccionó entre los 22 mejores escritores de lengua española menores de 35 años.  

A pesar de que en su bibliografía no es posible encontrar una profusión de títulos, actualmente nadie duda en colocarlo como un referente de la literatura nacional. Es esa, precisamente, una característica que signa su trabajo. Sus narraciones, a veces escuetas, sin abundar en detalles, provocan un fenómeno de “condensación”, que no se permite dispersiones y que denota un oficio minucioso, preciso, casi obsesivo.

Siempre bajo un perfil recatado, año tras año, Hasbún participa de una gran cantidad de eventos literarios. Aunque confiesa que no es de sus actividades favoritas, con el tiempo ha conseguido un equilibrio en su relación con el mundo editorial. Recientemente participó del Primer Festival de la Palabra en Lima (Perú), donde además presentó una nueva edición de su única novela, El Lugar del cuerpo, esta vez de la mano de la Editorial Santuario.

Tras un “prolongado silencio” editorial, el cochabambino retorna al país y, gracias a El Cuervo, presentará Cuatro, su último libro de cuentos. El evento se realizará este miércoles 18, a las 18:30, en el Centro Pedagógico y Cultural Patiño (calle Potosí No 1450, casi Portales).

Con la mejor predisposición, el escritor conversó con la RAMONA de todos estos temas y algunos otros en una generosa entrevista.

-Desde que se publicara su primer libro en 2006 (Cinco, Gente Común) y luego con su selección dentro de “Bogotá 39”, después de Paz Soldán quizás sea el escritor boliviano más requerido por los medios, encuentros y festivales literarios. En los contactos con la prensa internacional siempre se resalta su timidez. ¿Cómo ha ido lidiando con esa faceta pública del literato?

Más que tímido, soy un tipo callado, alguien que prefiere oír a los otros antes que oírse a sí mismo. En ese sentido, y en otros menos personales, el rol público de escritor siempre me ha resultado incómodo, sobre todo cuando me ponen un micrófono delante y hay gente unos metros más allá, creyendo que tengo algo que decir. A menudo me siento como esos jugadores de fútbol a los que entrevistan después de sus partidos. Está claro que lo que saben hacer ellos es jugar. En lo otro, en el análisis de lo que hicieron bien o mal, casi siempre fracasan estrepitosamente, y yo lo mismo.

-Una de las satisfacciones que brindan ese tipo de eventos es el contacto con colegas y referentes de la literatura internacional. En el último caso le tocó compartir unos días con Rodrigo Fresán y Yuri Herrera, entre otros…

Sí, esa es una de las caras más amables de los encuentros literarios: tomarte unos tragos con escritores que admiras, ver a viejos amigos o a futuros viejos amigos, volver a casa con la mochila llena de libros. El encuentro de Lima fue especialmente grato porque coincidí, como dices, con Rodrigo Fresán, Yuri Herrera y Guadalupe Nettel, tres escritores estupendos.

-Además de participar del Primer Festival de la Palabra en Lima, presentó una nueva edición de su novela El lugar del cuerpo, esta vez bajo del sello de la también peruana Santuario. ¿Cómo ha sido recibida? ¿Qué comentarios le brindaron?

Me gustó mucho el trabajo que hicieron en Santuario. Es una editorial que inauguró su catálogo con El lugar del cuerpo y eso hizo que Diego Trelles Paz y Víctor Ruiz, los editores, le pusieran muchísimo cariño a la publicación. Sin ninguna duda son las editoriales independientes las que están tejiendo las redes más sólidas en nuestro continente, las que desordenan mejor algunos mapas y permiten que nos acerquemos a escritores de otros países del idioma. A mí me alegra un montón saber que la novelita va a poder ser leída en el Perú. También que en Bolivia la editorial El cuervo haga circular el trabajo de escritores como Federico Falco o Fabián Casas, entre otros.

-A pesar de no cobijarse bajo ningún título ni manifiesto, la literatura hispanoamericana contemporánea ha conseguido formar una comunidad, por decirlo de algún modo. ¿Cómo ve este movimiento y formar parte de él?

Tengo amigos escritores, cuyo trabajo sigo con interés y gratitud, y comparto con ellos entusiasmos y lecturas y desencantos y rabias. Supongo que la comunidad de la que hablas se funda en ese tipo de vínculos, ¿no? Pero los escritores, más allá de esos vínculos, que pueden ser provechosos a cierto nivel, están solos por encima de todo: casi por definición habitan una especie de extranjería permanente, una distancia. Es gente que no sabe lidiar con el mundo ni consigo misma y que tiene dificultades en asumir las dinámicas de lo que suele funcionar tan mal a su alrededor. Quizá por eso se dedican a inventarle variaciones a la vida.

-La revista Traviesa y sus antologías virtuales, que edita junto al guatemalteco Rodrigo Fuentes, aglutina y es el nexo entre los mejores nombres de la literatura de las más diversas geografías. ¿Cómo vive esta experiencia de intimidad y conexión con tantos escritores?

Con Traviesa buscábamos crear un espacio de cercanía, donde la literatura no fuera una cosa ajena y en el que escritores y lectores pudieran participar de un intercambio menos mediado que otros. También queríamos proponer algunos itinerarios posibles dentro de la tan diversa literatura hispanoamericana, y la respuesta ha sido muy buena: lectores de decenas de países visitan el sitio regularmente. Eso, por supuesto, no hubiera sido posible sin las nuevas tecnologías (que hemos explotado al máximo) y sin la generosidad de escritores y traductores (que desde el principio estuvieron dispuestos a jugar con nosotros).

-En Cuatro, el libro que presentará este miércoles, se hace más explícita la participación de Bolivia, Cochabamba y la nostalgia. ¿Considera que es una nueva etapa dentro su escritura, o es, más bien, una continuación de lo que venía haciendo?

Este es quizá el libro donde trabajo más de cerca con Bolivia. En los anteriores, el país (o la ciudad o el barrio) siempre tenía alguna incidencia, pero aquí es más evidente. Lo que no cambió, creo, es la perspectiva desde donde la abordo, siempre prestando la mayor atención posible a los personajes, a cómo lidian ellos consigo mismos y con lo que tienen y no tienen cerca. Saber que a tu mejor amigo se le jodieron los riñones, descubrir algunos secretos familiares y enfrentarte a ellos, lidiar mal con los otros: son ese tipo de preocupaciones las que aparecen en primer plano, siempre con una sociedad difícil de fondo.

-Además de la remembranza y las dudas que provoca el paso del tiempo, en Cuatro se añade otro ingrediente, menos romántico quizás, la fatalidad que acompaña el paso de los años. “Tenía veinte y no estaba dispuesto a que esa certeza fuera borrándose de a poco”, escribes en uno de los cuentos…

Después de armar el libro, me di cuenta de que los personajes de Cuatro son en general más viejos que los de Cinco o los de Los días más felices. En esos dos volúmenes abundan los jóvenes que miran hacia delante, con incertidumbre y miedo pero desde un presente que parece interminable. Aquí la incertidumbre y el miedo persisten, pero los personajes miran sobre todo hacia atrás, hacia lo que ya no existe. Tienen vidas anteriores, guerras perdidas, fantasmitas. Y hay cada vez más muertos, porque ir envejeciendo significa eso sobre todo: que haya cada vez más muertos.

-Este libro de cuentos es editado por El Cuervo. ¿Cómo nació la inquietud por publicar con una editorial boliviana e independiente?

Las razones son sentimentales sobre todo. Conozco a Fernando Barrientos, editor de El Cuervo, desde hace unos quince años, cuando los dos éramos muchachitos rabiosos y confundidos, y hacía mucho nos venía rondando la idea de hacer algo juntos. Yo llevaba cinco años sin publicar nada en Bolivia y ya no quería que ese silencio se siguiera prolongando, así que decidimos armar esto. Tenía varios cuentos guardados y elegí cuatro, que comparten cierta sintonía. Son una pequeña muestra de lo que ando haciendo, una especie de EP (ese era el título original del libro) entre dos proyectos de más largo aliento, mi libro anterior y uno que ahora mismo estoy corrigiendo.

-La música y el cine, lo ha dicho en otras ocasiones, son fundamentales para su escritura. Pero, más allá del papel, sabiendo además que ya tuvo su banda de rock y también participó de dos filmes fundamentales para el último cine nacional, ¿le interesaría dirigir una película o liderar una nueva banda?

En algún momento me encantaría explorar más a fondo por ahí. Este último año hice decenas de videítos, una especie de diario visual que asumo como un aprendizaje necesario para ojalá dirigir algo más adelante, y siempre tengo la guitarra al lado del escritorio. Me gusta sentirme muy inexperto en esos territorios, muy inseguro y primerizo y perdido. Es uno de los estados más maravillosos que pueda haber.

-Para cerrar: En una conversación entre Álvaro Bisama y Tryno Maldonado se supo que está componiendo algunas canciones, su pulsión inicial, ya lo dijimos. ¿Hay la posibilidad de ver a Rodrigo Hasbún de regreso en los escenarios, una gira boliviana del “HBM (Hasbún-Bisama-Maldonado) Project”, quizás?

Quizá luego, aunque todavía no estamos seguros si queremos tocar en vivo. Por lo demás, el proyecto HBM es extraño, porque los tres vivimos en países distintos, lo que quiere decir que casi todo sucede virtualmente. Cada uno graba secuencias por separado y se las manda a los otros y a partir de ese material vamos montando canciones un poco monstruosas, que asumen distintas herencias, digamos el grunge y la música electrónica pero también el death metal, del que tanto Álvaro Bisama como Tryno Maldonado son fanáticos. Por ahora todo es juego, algo que empezó azarosamente y que quizá también termine así.


Escrito por

Katya Adaui

¿Qué es lo que quiero contar? ¿Qué es lo que he aprendido?


Publicado en

Casa de estrafalario

Escribo para descubrir, para ser feliz, para viajar, para volar. @kadaui