¡Resiste!

BLOG DEL ESCRITOR C. CASTAGÑA

Para encender un fuego

Publicado: 2014-11-27
Diego (acá Castagna Reflections) es un escritor argentino creador de un ciclo de lecturas en el Centro Cultural Matienzo y autor de "Alta Gracia". Lo conocí hace algunos años en el taller de Gabriela Bejerman. Ahora que vivo en Buenos Aires, hemos coincidido otra vez, nos hemos leído. Él mantiene el blog Para encender un fuego que toma el título del angustiante cuento de Jack London sobre un hombre intentando preservar el último fósforo para sobrevivir en la nieve. Semana tras semana, Diego busca que sus colegas reflexionen sobre sus motivaciones, deseos, frustraciones a la hora de escribir, basándose siempre en las mismas preguntas. Aquí comparto con ustedes mis respuestas. En el blog podrán disfrutar muchas dudas más: las de Juan Terranova, Gabriela Cabezón Cámara, entre otros.

La última mentira que dijiste.

-"Mañana te escribo”. Incluso te la dije a ti.

-¿Cómo llegás al momento de sentarte a escribir? ¿Algún ritual u obsesión?

-Es algo insaciable. Puede ser a cualquier hora, mejor de madrugada cuando todo hace silencio, incluyéndome. Al estar frente a la compu… El alivio de haberme entregado. Anoto en libretas; una observación inútil nunca es inútil: podría servir más adelante. Cuántas ideas sueltas se han enmarañado luego con propiedad. Durante el tiempo que paso sin escribir siento una deliciosa abstinencia en espera de ser rota, tampoco me la tomo tan en serio. Hago otras cosas también.

-¿Golpes de inspiración o trabajo constante?

-Ambos, te diría, a destiempo. Hay que sentarse con el deseo desnudo, involucrarse en todo sentido, como un enamoramiento que pasa siempre por las mismas fases: vértigo, locura, placer, calma; vértigo, locura, placer, calma, adioses.

-¿Durante ese proceso, imaginás un lector? ¿Es alguien definido?

-¿Cómo definirlo? El otro siempre es un enigma. Es maravilloso este enigma, desconocer. ¿Dónde está, qué está haciendo, qué lo mueve? Ni idea. A la única lectora que imagino real es a mí. Si me conmueve lo escrito, quizás a alguien más lo haga. Pienso en el lenguaje, en comunicar entre tanta pregunta permaneciendo abierta.

-¿Qué otras actividades te inspiran?

Muchas cosas me ponen en estado de escritura: en primer lugar: leer mucho. En medio de la lectura me dejo asaltar, me entusiasman esos disparadores inesperados, su poder; el ciclo de escritura vuelve a comenzar. Caminar también me pone en ese estado, entre relajada y alerta para observar. Y escuchar: alguien está diciendo siempre algo con potencial… Igual a todo uno llega tarde.

-¿Sentís que tu escritura evoluciona o se modifica con el tiempo?

-De chica era una muy buena atleta. Quedaba entre las primeras en cien primeros planos pero nunca primera aunque diera todo de mí. ¿Qué velocista puede asumir la dolorosa rabia de no rebajar un segundo? Un segundo en el deporte es una vida. Cuando escribes persistiendo, “fracasando mejor” como diría Beckett, la escritura crece. La competencia es otra, es contra otro tiempo, es contra lo que muere. Una epifanía interior. Comprendes que van sumándose experiencias, libros, viajes, pérdidas, amores, y todo eso no solo te está alimentando, te está nutriendo: la escritura se moldea solidificándose, las obsesiones se vuelven más nítidas, también para uno. Al mismo tiempo, aceptas que todo lo que tienes por decir no sabrás decirlo nunca. “Tablas”, como dicen acá.

-¿Tenés alguna idea postergada por sentir que te faltan herramientas?

-Cuando recién comenzaba a dedicarme a escribir, entre los veintes y los treintas, me faltaba casi todo pero era muy atrevida. Ahora puedo tener un poco más de técnica pero me falta atrevimiento. Espero encontrar el balance, perderlo otra vez.

-¿Cómo es tu experiencia con los editores y el proceso de publicación?

-Debí pagar para publicar mis dos primeros libros de cuentos, una práctica extendida entre algunas editoriales independientes en el Perú (necesitan dinero para comenzar, como toda empresa, pero cuando ganan con tu libro incumplen con pagar regalías). Además aparece este cuchillo: ¿pago y puedo publicar cualquier cosa? Aposté por un retorno emocional: persisto confiando en que alguien querrá lo que yo. Estoy agradecida con mis editores: con Borrador y Planeta en Perú, y con la editorial Criatura de Uruguay. Acogieron cuentos y una novela brevísima. Somos buenos amigos. He tenido suerte.

-¿Qué es un buen editor?

-Es un suicida con red: reconoce, potencia, empodera. Es quien te acompaña en eso de fracasar mejor.... Tiene un tercer ojo falible. Un buen editor habla a tiempo, se entromete, se desespera, cree y duda contigo. También mira lo comercial pero no se queda mirándolo. Como ejemplo de todo esto, te hablo desde lo que sé, las dos editoras que saltaron conmigo, Gracia Angulo y Julia Ortiz.

-¿Cómo se escribe hoy? ¿Las redes sociales modificaron la manera en que se piensa?

Escribir como la ganancia de lo íntimo es un oficio artesanal. El barro es barro. Las redes sociales son otra cosa a las que nos acostumbramos. Twitter para el microcuento; Facebook, un diario. Yo los veo así. Lugares de encuentro y desencuentro. De ellos cada uno toma y devuelve lo que puede y quiere. ¿Viste el proyecto “Biblioteca del futuro”? Se planean hoy cien libros para 2114…

-¿Con qué criterios define la crítica cuáles autores son importantes?

-Qué sé yo.

-El último libro que te haya sorprendido.

-Space Invaders de Nona Fernández. Los horrores innombrables de la dictadura chilena siguen dándonos escritores capaces de mirar más allá del “yo”. Este libro pequeño es brutal, coro de niños adultos –o adultos niños– frente a recuerdos anuladores. Pese a ellos intentan crear.

-Un contemporáneo al que admires profundamente, en secreto.

-“Mirar la obra y no la biografía”, dice María Negroni. Sin saber que sabía eso me pasa que no suelo admirar personas, gozo de lo que han creado... Obras de mi generación que me resuenan con nombre propio: el trabajo de Marina Perezagua, Félix Bruzzone, Alejandra Costamagna, Samanta Schweblin, Mariana Enríquez... Una lista abierta.

-Tu top five. Vale todo.

-Por ahora siguen siendo los mismos:

1. Poemas inéditos y poemas elegidos, de Cesare Pavese.

2. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

3. Poesía completa, de José Watanabe.

4. Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag.

5. La trilogía de Auschwitz, de Primo Levi.

-¿Cómo es tu relación con el dinero?

-Estamos en una “relación complicada”. Renuncié a mi trabajo alimentario, querido y seguro en una oficina en Lima para estudiar en Buenos Aires. Estoy viviendo de mis ahorros, frileo corrigiendo libros, escribiendo notas. Busco ofertas 2x1, comparo precios. Siento que cada vez necesito menos, me voy desaferrando. Después me preocuparé (me digo mintiéndome).

-¿Y con el tiempo? ¿Cuando se resigna para escribir, digamos, "profesionalmente"?

-Para escribir hay que proteger con el alma la soledad y el silencio; mandarlos al diablo, salir, alimentar el mundo interior estando en la vida.

-¿Imaginás cómo te perciben tus pares? ¿Y el que te lee? ¿Es lo mismo?

-Quisiera imaginarlos pero esa imagen, justo por ser una imagen, un reflejo, se me escapa.

-¿Qué te angustia?

-Es la misma angustia que compartimos todos. La angustia de la muerte. La combato viviendo.

-El mejor consejo que te dieron.

-Seguro fue mi madre; tiene que ver con la respuesta de arriba: “El hambre viene comiendo”. Funciona siempre/////.


Escrito por

Katya Adaui

¿Qué es lo que quiero contar? ¿Qué es lo que he aprendido?


Publicado en

Casa de estrafalario

Escribo para descubrir, para ser feliz, para viajar, para volar. @kadaui